3 de julio de 2017

Paracaídas

Mi papá tuvo un infarto y a raiz de eso muchas cosas han cambiado en mi familia. 
El otro día estábamos en su casa con mi pareja. Había ido un amigo de él que para mí es como una especie de tío. Acabábamos de ver el partido de Boca, la vuelta olímpica de los jugadores, nosotros habíamos llevado medialunas y yo estaba preparando mate, en fin, que estábamos todos de buen humor. Y no sé qué me estaba diciendo mi papá, seguramente pidiéndome algo, y yo reaccioné un poco irónicamente porque últimamente no para de pedirme cosas.
-Ay papá, como me rompés las bolas!
El amigo de mi papá entonces dijo:
-Bueno, ya vas a ser vieja vos y le podrás romper las bolas a la generación que sigue.
Bum. Sentí la explosión en mi cerebro. 
-Lo dudo. Como no tengo hijos ni parece que vaya a tenerlos es muy probable que cuando sea vieja no le pueda romper las bolas a nadie.
No me pude contener.
No me pude contener.
No me pude contener.
Mi papá que me adora y le duele todo lo que tuvimos que pasar con Nico se apresuró a decir:
-Bueno, siempre te queda la posibilidad de que adopten a alguien.
Y entonces Nico se apresuró a contestar:
-Claudio, estamos más cerca de lanzarnos de un paracaídas que de adoptar un pibe.
Y entonces ambos nos reímos.
En serio, nos reímos con una risa franca y se disipó la tensión.
Mi vida ha despegado un rumbo increíble. No, no me voy a tirar de un paracaídas. ¡No hace falta! A la vida misma no le falta vértigo.

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