6 de diciembre de 2015

Palabras de mamá

Ayer, un pequeño diálogo con mi mamá.

-Mamá... no sé si lo digo desde el cansacio o que el deseo cambió pero... creo que ya no quiero tener hijos.
-...
-Es que... si los embarazos hubieran salido adelante... yo...
-Lo sé.
-Pero ya no puedo más.
-Está bien....
-Es que... no me siento mal. Y siento que seguir por este camino está mal. Me hace mal. Tal vez no deba ser mamá...
-...
-Quiero decir, no me arrepiento ni un gramo de haber recorrido este camino. No sería la persona que soy hoy. Aprendí cosas de mí misma que tal vez nunca hubiera sabido.
-Es verdad...
 -Pero hoy miro a las embarazadas y ya no las envidio. No deseo eso para mi. Ya no quiero gestar una vida dentro mío. ¿Qué me pasa?
-Te voy a regalar una definición de felicidad. Porque creo que a pesar de que esto no resultó como vos creías yo veo en vos una persona feliz.
-Ay, mamá...
-En serio, escuchame...ser feliz no es andar sonriente todo el tiempo. Ser feliz es tener coraje y dignididad. Y vos tenés esas dos cosas. No te faltó coraje ni tampoco dignidad. Sos un ser hermoso. Y no lo digo porque seas mi hija porque yo nunca te consideré de mi propiedad.
-Mama... vos luchaste tanto para tenerme... en los embarazos... y yo...
-¡Y vos sos otra persona! NO tenés que seguir mis pasos. Somos dos personas distintas. Liberate de mi, de mi historia. Conmigo no tenés ningún mandato que cumplir.
-Ay, mamá...
-Flor, si alguna vez te vuelve el deseo... sabés que siempre podés volver a buscar. Pero no hagas de esto un círculo. No pases por el mismo lugar. ¡Espiralá! Las espirales son vida.
-Las espirales... como el adn.
-Exacto. VIDA.
-Gracias, mamá.
-Te quiero mucho.

1 de diciembre de 2015

Fuck

Llegó diciembre. Y yo no puedo decidir nada. Nada.
Mi primer impulso es bajarme de todo esto. Chau Gaviota. Gracias por todo.
Mi segundo impulso es hacerle un enorme fuck you a toda la industria médica de reproducción asistida. ¡Vayan a hormonar a sus abuelas!
Me descubrí mirando a las embarazadas y pensando, puf, menos mal que no me tocó. No envidio para nada sus panzas, sus tobillos hinchados y sus noches sin dormir.
¿Y eso? ¿Y ese pensamiento? Qué me pasa?
Sí, ya les dije: diciembre.
Me descubrí pensando en que YA no quiero tener hijos. YA no quiero.
Quería, sí, quería con toda mi alma.
Hubiera amado muchísimo a todos esos embriones que formamos gracias a los espermatozoides de un donante anónimo.
Pero ya no quiero un donante anónimo. De hecho no quiero espermatozoides de un hombre que no conozco y que mete su material genético en un vasito para que lo guarde un banco de esperma que me cobra sus buenos pesos para darme la mitad de lo que podría ser una VIDA.
Ya no quiero meterme hormonas en mis ovarios para que hagan un aquelarre de aquellos. No quiero. No quiero que me ecografien, ni que me pinchen, ni que me duerman, ni que me controlen, ni que me saquen sangre, ni que me metan un coso directo al útero.
Cuanto más lo pienso más me digo: ¿¿en qué carajo estaba pensando??
¡¡Fuck you doctor, psicóloga y todo el mundo de la fertilidad!!
¿Qué tenía que aprender de todo esto?
¿Que no todo se consigue como uno quiere? Bueno, sí, genial. ¿Que la naturaleza no es bondadosa siempre? Sí, bueno, a las patadas pero lo aprendí. ¿Que hay que reponerse de las pérdidas, de las decepciones, de la lucha desmedida? Sí, sí, muy bien. ¿Que la vida es mucho más que hacerse veintemil controles y que el amor en este camino de mierda lo es TODO?
PERFECTO.
Me descubrí diciéndole a mi pareja:
-Amor, sos la única persona con la que soportaría no tener hijos.
A lo que él respondió:
-Es lo más lindo que me dijeron en mi vida.
Diciembre y la puta madre que te re mil parió.