20 de julio de 2015

Cosas que sólo escribo acá

Estuve muy triste y luego muy enojada.
Tomé varias decisiones luego del embarazo bioquímico: una de ellas fue dejar inmediatamente la terapia hablada.
Apenas supe del mal resultado de la segunda beta le mandé un mail a mi psicóloga diciéndole que no iba a analizar nada de lo que me había pasado. Me sentía agotada. Sólo quería llorar y dejarme llevar por lo que viniera.
Una de las consecuencias de haber dejado la terapia hablada fue que mi ser controladito y comprensivo se fue al carajo. No me había dado cuenta de que ese espacio funcionaba así. Pero si te sentís un revolver cargado empezás a disparar. Curiosamente no le disparé a cualquiera. Sólo a mi madre. Pero en vez de ir a resolverlo en terapia terminé resolviéndolo con ella. Primero a las patadas y luego a lágrima viva. Porque otra cosa que me pasó es que no podía llorar con nadie. Sólo con mi mamá. Y mi mamá es de esas personas que para solucionar algo creen que hay que hacer algo. Yo acababa de menstruar y ya me estaba dando el nombre de otro médico en otra clínica para buscar un nueva opinión. ¿Se imaginan dónde terminó el número del siguiente médico?
Todos a mi alrededor me preguntaban: ¿y cómo estas? Y yo: bien, bien, todo bien (pero me sentía un erizo todo pinchudo). Mi mamá me preguntaba cómo estaba y era un aluvión de mierda y luego un aluvión de llanto (¡el erizo atacaba!). Hasta que un día mi mamá dejó de tomárselo personal. Y yo ahí comprendí que curiosamente sólo podía conectar con mi dolor estando con ella. Se lo dije pidiéndole perdón y ella comprendió que en realidad era un voto de amor hacia ella. Se lo agradecí profundamente.
Con él, en cambio, vivimos un tiempo como entre algodones. Tanto miedo teníamos de hacernos daño que no hablábamos del tema. Hasta que yo empecé a  soñar con esqueletos en la cama, esqueletos en el baño, esqueletos que se levantaban y venían hacia mi y  yo con un bate los iba destrozando.
Una noche soñé con un caballo blanco. Yo lo llevaba a cabalgar por las vías de un tren. El caballo se ponía muy nervioso y quería dar la vuelta pero yo lo obligaba a seguir por ese lugar peligroso. Entonces el caballo me tiraba y se iba corriendo. Yo me quedaba tirada en el medio del valle y me preguntaba por qué demonios teniendo todo ese espacio lo había llevado a un lugar peligroso y feo como las vías de un tren. Lo buscaba como una desesperada hasta que lo encontraba en el medio del camino todo embarrado y sucio. Yo quería llamarlo pero me daba cuenta de que no sabía su nombre. 
 
Ya encontraré a mi caballo. 
Tengo fe. 
Y cuando lo encuentre tengo confianza de que sabré su nombre.

6 comentarios:

  1. Cada camino, cada proceso, cada emocion y reaccion son tan propias que es inutil decirle a otro lo que tiene que suceder, y como se tiene que sentir.
    yo solo te deseo calma, porque en la calma es donde viene el entendimiento... y en ese entendimiento, vienen las respuestas de como seguir.

    te quiero! sabes que mucho!

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    1. Gracias, Dani. Yo también te quiero mucho.

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  2. Lei tu nota y me he quedado muy triste, voló a sentir esa sensación de tristeza vacío y soledad que antes más o menos un año sentía, solo te puedo aconsejar que saques tus sentimientos llores, y cuando te sientas preparada sigas intentando, pues un día es negro y uno por eso se imagina que todo seguirá así y de pronto al día siguiente todo es blanco, la vida es así de loca e inesperada, te mando un abrazo fuerte

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    1. Gracias, hermosa, de a poquito me voy sanando. Como van tus trillis? Hace mucho que no escribís en tu blog! ;)

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