11 de mayo de 2015

Una fiesta

Al día siguiente teníamos que dar una fiesta. Sí, una fiesta.
En vistas al cumpleaños de él habíamos hecho un simple razonamiento: esperar a la beta para festejar. Si daba positivo, pues sería una gran fiesta de cumpleaños y si daba negativo tendríamos una semana para reponernos y festejar igual.
Pero en el camino de la reproducción asistida nada es simple. Dio positivo y una semana después lo estaba perdiendo.
¿Y qué hacíamos con la fiesta?
Decidimos hacer laborterapia. Habíamos prometido cocinar un gran guiso de lentejas para treinta amigos. El viernes, luego de la tercera beta, una vez descartado el ectópico y sabiendo que se estaba perdiendo, nos pusimos a cortar verdura y carne al son de Show must go on de The Queen.
Dimos la fiesta.
Yo todavía podía sentir la hormona dando vueltas por mi cuerpo. No me había bajado ni una gota de sangre. Nada.
Vinieron todos. Muchos de nuestros amigos ya tienen hijos. Algunos son bebés y otros son niños. En un momento, aturdida por el ruido, la gente y la bebida fui a buscar algo a mi cuarto. Y allí estaban, tres niños en mi cama, uno de ellos le leía al hermano menor y el tercero dormía a pata suelta.
No puedo explicar lo que le pasó a mi corazón en ese momento. Tuve que salir rápido de la habitación.
Abajo seguía el barullo.
Las lentejas salieron deliciososas, no quedó nada, como si hubiera pasado la langosta por mi casa.
Finalmente a las dos de la mañana la casa quedó vacía.
Nos miramos, extenuados. Nos abrazamos.
Me dijo: sos tan hermosa.
Y yo empecé a llorar.

1 comentario:

  1. "En el camino de la reproducción asistida nada es simple".

    Creo que esa frase resume muchas cosas. Cuando llevas poco tiempo en esto, lo paras todo para centrarte en la búsqueda del hijo. A medida que va pasando el tiempo, la vida te arrastra, para bien y para mal, y los tratamientos, los negativos, los positivos y las pérdidas se mezclan con vacaciones, fiestas, entierros, oportunidades laborales, aniversarios... Todo se vuelve una locura, pero al menos yo lo prefiero así que como al principio. Es decir: ojalá tuviéramos ya a nuestros bebés en los brazos, pero ya que no los tenemos, pues que la vida siga, que nos pase todo a la vez, aunque sea complejo.

    No sé tú, pero yo, cuando siento que la vida se para, creo que me muero :S

    ¡Muchos abrazos nuevos que sigan renovando los que ya te he mandado!

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