Sin este camino recorrido jamás me hubiera hecho estas preguntas. Me alegra haber tenido el coraje de buscar, de sentir, de preguntarme, de volver a desear, de desear otras cosas, de no culparme, de amar, de casi lograrlo, de abandonarlo todo, de ir por otro rumbo.
Siempre, siempre, siempre, el camino es el amor.
Y si no hay amor, que no haya nada.
Por eso, hoy recibo el 2018 con una menstruación.
Mi luna roja.
Cada uno sabe por dónde tiene que ir. Donde está su corazón.
Ser fértil es eso. Saber qué semillas queremos sembrar.
The End.
P.D: Como los caminos siguen seguiré escribiendo aquí: www.nubedeagua.blogspot.com
1 de enero de 2018
7 de julio de 2017
La familia... ¿eso que sería?
Me gusta mucho Miss Bolivia. Me gusta mucho escucharla cuando habla. Algunas de sus canciones son geniales, otras no me gustan tanto pero es indudable que tiene estrella.
El otro día le hicieron un reportaje por la radio. Y salió esta conversación que siento que es muy útil colgarla en este espacio. Porque todos los que están buscando un hijo por métodos no tradicionales siempre sienten que algo está fallado, roto. Es cierto que la infertilidad es una enfermedad. Pero no somos máquinas biológicas. Somos seres humanos y por ende somos seres sociales. Entonces la familia se constituye de múltiples formas.
Radio- ¿Y tenés familia?
Miss Bolivia- ¿Y eso qué sería?
Radio- Y...marido e hijos...
Miss Bolivia- Ja, ¿posta me preguntás? Bueno...yo tengo mamá, una gata, amigos y amantes: que para mí son mi familia. Pero la perfo ésa de la que me hablás, junto con la escuela, la fábrica, la iglesia y el ejército, son las células más efectivas y funcionales al capitalismo
Radio- Bueno...hablemos de música.
Miss Bolivia- Dale, mejor hablemos de música...
El otro día le hicieron un reportaje por la radio. Y salió esta conversación que siento que es muy útil colgarla en este espacio. Porque todos los que están buscando un hijo por métodos no tradicionales siempre sienten que algo está fallado, roto. Es cierto que la infertilidad es una enfermedad. Pero no somos máquinas biológicas. Somos seres humanos y por ende somos seres sociales. Entonces la familia se constituye de múltiples formas.
Radio- ¿Y tenés familia?
Miss Bolivia- ¿Y eso qué sería?
Radio- Y...marido e hijos...
Miss Bolivia- Ja, ¿posta me preguntás? Bueno...yo tengo mamá, una gata, amigos y amantes: que para mí son mi familia. Pero la perfo ésa de la que me hablás, junto con la escuela, la fábrica, la iglesia y el ejército, son las células más efectivas y funcionales al capitalismo
Radio- Bueno...hablemos de música.
Miss Bolivia- Dale, mejor hablemos de música...
28 de marzo de 2017
Sueño de una noche de fin de verano
Estoy en un lugar con una mujer que hace santería. Me abraza y me envuelve en una letanía de palabras. Entiendo que hay algo que debo limpiar. Se ofrece a hacerme una "limpia". Yo acepto. Entonces entre conjuros y danzas invoca poderes. Entiendo (en el sueño) por qué no me pude quedar embarazada. Cuando termina siento algo en la boca. Saco de mi boca un soldadito de juguete de esos de plástico. De pronto me empiezan a surgir de la boca toda clase de juguetitos pequeños de un niño. Los voy escupiendo. Con razón, pienso, ¿todo esto estaba adentro mío?
Me despierto temblando y pensando de quién será ese soldadito de plástico.
Me despierto temblando y pensando de quién será ese soldadito de plástico.
11 de enero de 2017
Ohana
Me llama un amigo que no veo hace muchos años. Por supuesto no sabe absolutamente nada de nuestro periplo por la reproducción asistida. En realidad hablamos de trabajo (quiere averiguar dónde estudiar shiatsu) y nos ponemos al día con pequeñas cosas. Él en estos años ha tenido dos hijos con su mujer. El último es casi reciente, una beba de tres meses. Lo felicito por la familia y entonces él me dice:
-Yo también, te felicito.
-...
-Una pareja de muchos años también es una familia.
Por la noche, mientras cenamos sale el tema y lo comento con mi pareja.
-Bueno, nosotros tenemos un gato.
-Pero él no lo decía por el gato, amor.
-Bueno, somos una familia. Una familia chiquita, un poco rota.
-¿Rota? ¿Por qué?
-Bueno, tenemos ocho embriones en el cielo revoloteando por ahí. Una gata que nos atropellaron. Otro gato que se nos perdió. Y éste que aún vive con nosotros.
-Somos una Ohana.
-Exacto.
*Ohana es un término hawaiano que significa familia incluyendo parientes de sangre, adoptados o intencionales. Encontramos esta frase en la película Lilo y Stitch: "Ohana significa familia y tu familia nunca te abandona ni te olvida".
P.D: Si no vieron Lilo y Stitch y están buscando tener niños no sé qué están esperando...
-Yo también, te felicito.
-...
-Una pareja de muchos años también es una familia.
Por la noche, mientras cenamos sale el tema y lo comento con mi pareja.
-Bueno, nosotros tenemos un gato.
-Pero él no lo decía por el gato, amor.
-Bueno, somos una familia. Una familia chiquita, un poco rota.
-¿Rota? ¿Por qué?
-Bueno, tenemos ocho embriones en el cielo revoloteando por ahí. Una gata que nos atropellaron. Otro gato que se nos perdió. Y éste que aún vive con nosotros.
-Somos una Ohana.
-Exacto.
*Ohana es un término hawaiano que significa familia incluyendo parientes de sangre, adoptados o intencionales. Encontramos esta frase en la película Lilo y Stitch: "Ohana significa familia y tu familia nunca te abandona ni te olvida".
P.D: Si no vieron Lilo y Stitch y están buscando tener niños no sé qué están esperando...
28 de noviembre de 2016
Pérdidas
A mediados de este año comencé con pérdidas entre medio de las menstruaciones.
Ciclos largos, ciclos cortos, sangrados a destiempo... No quise darle importancia pero con el correr del tiempo las cosas no mejoraban. Y entonces comprendí que tendría que volver a hacerme los chequeos correspondientes que se hace cualquier mujer.
¿Hacía cuánto que no me hacía un pap? ¿Una colpo? Había pasado monitoreándome tres años seguidos de mi vida para luego, harta de todo, no volver a hacerme un chequeo de rutina en casi dos años.
Recuerdo que mis últimos análisis de sangre habían sido durante aquellas dos fatídicas semanas de abril de 2015 luego del embarazo bioquímico. Cada dos días me había ido a sacar religiosamente sangre hasta que la beta dio un número tan bajo que era obvio que todo había pasado.
Ahora tenía que volver a un ginecólogo. Pero ¿a quién? Luego de todo lo que había vivido... ¿a quién le encomendaría mi cuerpo? ¿En quién iba a confiar, abrir las piernas, aceptar el espéculo?
Tuve que aceptar la huella que todo esto había dejado en mi. Una huella dolorosa.
Lo hablé con mi pareja. Los dos sopesamos qué sería mejor. Y ambos estuvimos de acuerdo en que tenía que volver con nuestro médico de fertilidad. Era él quien me había operado la endometriosis, era él quien me había quitado el mioma de 5 cm, quien había estado en casi todas mis ecografías, quien conocía mis ovarios y mi útero como nadie.
No tendría que explicarle nada.
Entonces le escribí y le pregunté si podía verlo aún cuando mi consulta no tenía nada que ver con fertilidad ni con un tratamiento.
Su respuesta fue inmediata y contenedora.
Venite la semana que viene, decía su mail.
Pedí un turno.
-¿Es paciente del doctor?
Respiré hondo y respondí:
-Si.
Me dieron un turno para la semana siguiente. Insólito para alguien que no está en tratamiento de fertilidad. Pero yo era su paciente.
Me recibió con un caluroso abrazo.
-¿Cómo no me voy a acordar de vos? Me acuerdo de todo. Tu quiste endometrósico, el mioma, dos bloques enormes sacamos, y tu embarazo que se perdió, todos los intentos, la baja reserva ovárica... yo, si en diez años te encuentro por la calle, voy a saber quién sos, sin ninguna duda. Es mucha historia la que se vive acá, mucha historia...
Tuve que apretar los labios con fuerza para no llorar delante de él. No quería llorar. Pero me emocionó que se acordara. Nunca había hablado del embarazo que se perdió con él. De pronto me di cuenta de cómo todos a mi alrededor lo pasaban por alto, como también nosotros, en el afán de seguir con nuestras vidas, lo pasábamos por alto. Pero allí, en ese consultorio, había alguien que recordaba que mi embrioncito había sido real. Que todos los embrioncitos habían sido reales pero más aquel que se había agarrado fuerte por un tiempo y se había dejado ver, palpitar, sentir... hasta que ya no había tenido más fuerza...
Pasamos a la salita donde está el ecógrafo. En un santiamén me hizo un pap, el pap más corto de mi historia. Manos perfectas, de cirujano. La ecografía también dio bien.
-Yo veo todo normal. Un poquito de endometriosis aquí... y acá un miomita... pero muy pequeño, nada preocupante.
Ya en el consultorio hablamos de mis pérdidas. Pero estaba claro que en lo orgánico todo parecía estar bien.
-Vamos a hacer unos análisis de sangre para ver cómo están tus hormonas. ¿Hace cuánto que no te hacés un chequeo de rutina?
-Ufff...
-Ok, ya que te vas a pinchar vamos a medir otras cosas también, ¿te parece?
Vi que anotaba: colesterol, tiroides... la lista seguía, y, por supuesto, mi amiga la fsh, el estradiol... en total eran 13 estudios.
-A veces el ciclo se descontrola un poco pero no hay nada que llame mi atención. Quedate tranquila y decile a tu marido que está todo bien. Es más, dame su mail que se lo digo yo.
Salí de ahí como si hubiera hecho un año de terapia.
Qué necesarios son los finales para que las pérdidas sanen.
Ciclos largos, ciclos cortos, sangrados a destiempo... No quise darle importancia pero con el correr del tiempo las cosas no mejoraban. Y entonces comprendí que tendría que volver a hacerme los chequeos correspondientes que se hace cualquier mujer.
¿Hacía cuánto que no me hacía un pap? ¿Una colpo? Había pasado monitoreándome tres años seguidos de mi vida para luego, harta de todo, no volver a hacerme un chequeo de rutina en casi dos años.
Recuerdo que mis últimos análisis de sangre habían sido durante aquellas dos fatídicas semanas de abril de 2015 luego del embarazo bioquímico. Cada dos días me había ido a sacar religiosamente sangre hasta que la beta dio un número tan bajo que era obvio que todo había pasado.
Ahora tenía que volver a un ginecólogo. Pero ¿a quién? Luego de todo lo que había vivido... ¿a quién le encomendaría mi cuerpo? ¿En quién iba a confiar, abrir las piernas, aceptar el espéculo?
Tuve que aceptar la huella que todo esto había dejado en mi. Una huella dolorosa.
Lo hablé con mi pareja. Los dos sopesamos qué sería mejor. Y ambos estuvimos de acuerdo en que tenía que volver con nuestro médico de fertilidad. Era él quien me había operado la endometriosis, era él quien me había quitado el mioma de 5 cm, quien había estado en casi todas mis ecografías, quien conocía mis ovarios y mi útero como nadie.
No tendría que explicarle nada.
Entonces le escribí y le pregunté si podía verlo aún cuando mi consulta no tenía nada que ver con fertilidad ni con un tratamiento.
Su respuesta fue inmediata y contenedora.
Venite la semana que viene, decía su mail.
Pedí un turno.
-¿Es paciente del doctor?
Respiré hondo y respondí:
-Si.
Me dieron un turno para la semana siguiente. Insólito para alguien que no está en tratamiento de fertilidad. Pero yo era su paciente.
Me recibió con un caluroso abrazo.
-¿Cómo no me voy a acordar de vos? Me acuerdo de todo. Tu quiste endometrósico, el mioma, dos bloques enormes sacamos, y tu embarazo que se perdió, todos los intentos, la baja reserva ovárica... yo, si en diez años te encuentro por la calle, voy a saber quién sos, sin ninguna duda. Es mucha historia la que se vive acá, mucha historia...
Tuve que apretar los labios con fuerza para no llorar delante de él. No quería llorar. Pero me emocionó que se acordara. Nunca había hablado del embarazo que se perdió con él. De pronto me di cuenta de cómo todos a mi alrededor lo pasaban por alto, como también nosotros, en el afán de seguir con nuestras vidas, lo pasábamos por alto. Pero allí, en ese consultorio, había alguien que recordaba que mi embrioncito había sido real. Que todos los embrioncitos habían sido reales pero más aquel que se había agarrado fuerte por un tiempo y se había dejado ver, palpitar, sentir... hasta que ya no había tenido más fuerza...
Pasamos a la salita donde está el ecógrafo. En un santiamén me hizo un pap, el pap más corto de mi historia. Manos perfectas, de cirujano. La ecografía también dio bien.
-Yo veo todo normal. Un poquito de endometriosis aquí... y acá un miomita... pero muy pequeño, nada preocupante.
Ya en el consultorio hablamos de mis pérdidas. Pero estaba claro que en lo orgánico todo parecía estar bien.
-Vamos a hacer unos análisis de sangre para ver cómo están tus hormonas. ¿Hace cuánto que no te hacés un chequeo de rutina?
-Ufff...
-Ok, ya que te vas a pinchar vamos a medir otras cosas también, ¿te parece?
Vi que anotaba: colesterol, tiroides... la lista seguía, y, por supuesto, mi amiga la fsh, el estradiol... en total eran 13 estudios.
-A veces el ciclo se descontrola un poco pero no hay nada que llame mi atención. Quedate tranquila y decile a tu marido que está todo bien. Es más, dame su mail que se lo digo yo.
Salí de ahí como si hubiera hecho un año de terapia.
Qué necesarios son los finales para que las pérdidas sanen.
27 de septiembre de 2016
Las mamás
Me acordé de mi mamá. Me acordé de que estuve mucho tiempo enojada con ella porque sentía que no hacía lo correcto, no me gustaba su accionar frente a ciertas cosas, no comprendía de dónde le nacía hacer lo que hacía y por qué. Tuve que pasar por la reproducción asistida para comprender un poco más a mi mamá. Y comprender que uno hace lo que puede. Y que ese poquito que puede ya es mucho.
Ser una mamá... qué lejano que está eso. Y sin embargo, miro de reojo a algunas mamás con sus polluelos colgados del pecho, de la mano, en el regazo. Algunas erguidas, otra medio como pueden, en el colectivo o en el tren van cargadas de bolsos, viandas, niños. Las veo preguntar cómo te fue, cómo estás, secar mocos, reírse y festejar alguna anécdota. Algunas con críos recientes, otras con pre adolescentes que aún no viajan solos. Y a mi me toca cederles el asiento y en verdad se siente bien. Porque está bien. Hay mujeres que procrearon del modo que pudieron o quisieron. Y está bien. Y hay mujeres, como yo, que no procrearemos en esta vida. Y aún así, le damos lugar a lo materno, porque es necesario, está bien, de las mamás venimos y qué sería del renacer del mundo sin las mamás.
Ser una mamá... qué lejano que está eso. Y sin embargo, miro de reojo a algunas mamás con sus polluelos colgados del pecho, de la mano, en el regazo. Algunas erguidas, otra medio como pueden, en el colectivo o en el tren van cargadas de bolsos, viandas, niños. Las veo preguntar cómo te fue, cómo estás, secar mocos, reírse y festejar alguna anécdota. Algunas con críos recientes, otras con pre adolescentes que aún no viajan solos. Y a mi me toca cederles el asiento y en verdad se siente bien. Porque está bien. Hay mujeres que procrearon del modo que pudieron o quisieron. Y está bien. Y hay mujeres, como yo, que no procrearemos en esta vida. Y aún así, le damos lugar a lo materno, porque es necesario, está bien, de las mamás venimos y qué sería del renacer del mundo sin las mamás.
15 de septiembre de 2016
Un flujo para nadie
Hoy mientras trabajaba sentí un suave goteo humedeciendo mi ropa interior. Era tan suave la sensación y extraña al mismo tiempo. Fui al baño y me encontré con el famoso flujo, la tan mencionada "clara de huevo". El flujo de la ovulación. Y me sonreí. Mis ciclos ahora son largos. Ya no tengo esas contracciones que tenía cuando me diagnosticaron posible endometriosis ni esas sensaciones de desgarro en los ovarios cuando me dijeron que tenía quistes. Ahora todo es más pausado. Las menstruaciones más largas, la sangre ha vuelto a ser roja, rojísima y abundante.
Y ahora esto.
No, no hay espermatozoides suyos que me puedan embarazar.
Es un flujo para nadie.
Y sin embargo, ahí está la naturaleza misma, riéndose de mi. Ahí esta la naturaleza misma con sus ciclos diciéndome que todo puede renovarse. Y que de la tierra quemada pueden volver a nacer las flores. Con más fuerza que antes.
El deleite está volviendo, junto con los colores, las fuerzas, el hacer, la fortaleza.
Seguimos abrazando el futuro juntos. Sin hijos. Pero tan fértil.
Me sale decir gracias. Y nada más.
Y ahora esto.
No, no hay espermatozoides suyos que me puedan embarazar.
Es un flujo para nadie.
Y sin embargo, ahí está la naturaleza misma, riéndose de mi. Ahí esta la naturaleza misma con sus ciclos diciéndome que todo puede renovarse. Y que de la tierra quemada pueden volver a nacer las flores. Con más fuerza que antes.
El deleite está volviendo, junto con los colores, las fuerzas, el hacer, la fortaleza.
Seguimos abrazando el futuro juntos. Sin hijos. Pero tan fértil.
Me sale decir gracias. Y nada más.
31 de julio de 2016
Mi caballo
Estoy en una pradera verde, corriendo. Todo es hermoso. Siento una libertad infinita. Un amor profundo por todo lo que me rodea. De pronto se me aparece un caballo blanco, poderoso, enorme, soberbio.Yo me tiro al suelo, de espaldas, como si me recostara y siento que el caballo comienza a trotar alrededor mío. No tengo miedo, estoy boca arriba, con el sol dándome en la cara y escucho los cascos del caballo que me pasan cerca. De pronto siento que su enorme cuerpo se tira al suelo a mi lado. Parece un cachorro restregando su espalda contra el verde del pasto. Sus crines me tocan la cara. Está feliz de verme. Al despertarme el primer pensamiento que me surca es: mi caballo volvió.
14 de junio de 2016
Se cierra el círculo
"La aventura usual del héroe empieza con alguien a quien le han
quitado algo, o que siente que falta algo a la experiencia normal
disponible y permitida a los miembros de
su sociedad. Esta persona entonces emprende una serie de aventuras más
allá de lo ordinario, ya sea para recuperar algo de lo perdido o para
descubrir algún elixir que da vida. Usualmente es un ciclo, una ida y
una vuelta. (...) Evolucionar de esta posición de inmadurez psicológica
hasta el valor de la responsabilidad y la seguridad en sí mismo exige
una muerte y una resurrección. Es el tema básico y universal del periplo
del héroe: salir de una condición y encontrar la fuente de la vida para
regresar maduro y enriquecido."
Joseph Campbell, El poder del mito, Emecé, Buenos Aires, pág 180.
Desde mayo estoy asistiendo a una capacitación en eutonía. Además de enamorarme de esta increíble disciplina esta capacitación me hizo conocer un círculo de mujeres inmensas. Un poco brujas, otro poco maternales, desafiantes y muy amorosas.
En el último encuentro trabajamos uno de los principios de la eutonía: el espacio interno. Mediante movimientos y ejercicios fuimos descubriendo el volumen de cada órgano dentro del cuerpo.
Yo estaba con un atraso de una semana. Luego de varios ciclos cortos me estaba tocando finalmente uno largo. Ya estaba en mi día 37 sin atisbo de la menstruación. Acostumbrada a ciclos de 25 días esto ya se estaban tornando una eternidad. Era imposibe que estuviera embarazada de modo que el atraso podía deberse más a mi mente jugándome una mala pasada o a que mis hormonas estuvieran fuera de sus parámetros "normales".
Al terminar el último ejercicio de la mañana sentí que mi útero despertaba de su letargo. Como si saliera de una anestesia, la zona baja de mi abodmen comenzó a temblar y empecé a sentir puntadas. Me embargó el miedo porque eran puntadas que me recordaban otras puntadas del pasado, otros momentos, otras incertidumbres.
Empecé a llorar muy suavecito acostada en mi colchoneta. Había otras mujeres en estado de relajación, cada una con su escucha y sus preguntas. Pero la docente a cargo del curso se dio cuenta de que algo no estaba bien.
Se me acercó y me preguntó cómo estaba. ¿Qué podía decir?
Me puso su mano en la zona del útero.
-Hace una semana que no me viene la menstruación.
Se le iluminaron los ojos.
-No, no estoy embarazada.
-¿Cómo estás tan segura? ¿Te cuidaste?
Supe que iba a tener que decirlo. Tenía que ser una frase contundente que no le dejara dudas. Un jaque mate y que me dejara en paz.
-Mi pareja es estéril. No puedo embarazarme de él.
Sus ojos me llegaron al corazón. De pronto comprendí algo nuevo para mi. Supe que en ese lugar estaba a salvo. Que podía fluir con mi tristeza en paz.
Supe también, al instante, que estaba rodeada de una energía increíble, amorosa y buena.
Supe que estaba llorando mis pérdidas. Todas mis pérdidas. Los bebés que no pudieron ser. Y que tenía que llorarlos, darles ese lugar.
Las puntadas desaparecieron. En su lugar, comencé a menstruar.
Al final hicimos un círculo de mujeres. Cada una fue expresando su maravilla, sensaciones, asombros, miedos. Fueron brotando de cada par de labios. Yo no quería hablar. Pero había algo más fuerte que yo. Algo que necesitaba decirse, expresarse, hacerse carne en el verbo.
Y entonces frente a un grupo de madres, tías, abuelas, mujeres sin hijos, mujeres con o sin úteros, mujeres con mucha vida a cuestas, conté mi pequeño periplo de tres años por la Reproducción Asistida. Fui clara y sin golpes bajos. Aún hoy me sorprende la claridad con la que salieron mis palabras. Hablé de la búsqueda de un bebé, los negativos, los abortos, las técnicas cada vez más complicadas y el decir basta.
Me escucharon en silencio. A medida que yo iba contando y que las lágrimas iban empapando mi cara comencé a sentir el calor de varias manos que me tocaban y me abrazaban. Al final quedamos todas entrelazadas en un profundo abrazo energético. De todos esos cuerpos irradiaba el abrazo.
Y ese abrazo fue inmensamente sanador.
Comprendí que mi historia en particular carece de importancia. Lo que importa es que el impulso que me llevó a vivirla es un sentimiento universal que cualquier ser vivo con un corazón sensible puede comprender y abrazar.
Desde ese día vuelo un poquito más alto, todos los días.
Joseph Campbell, El poder del mito, Emecé, Buenos Aires, pág 180.
Desde mayo estoy asistiendo a una capacitación en eutonía. Además de enamorarme de esta increíble disciplina esta capacitación me hizo conocer un círculo de mujeres inmensas. Un poco brujas, otro poco maternales, desafiantes y muy amorosas.
En el último encuentro trabajamos uno de los principios de la eutonía: el espacio interno. Mediante movimientos y ejercicios fuimos descubriendo el volumen de cada órgano dentro del cuerpo.
Yo estaba con un atraso de una semana. Luego de varios ciclos cortos me estaba tocando finalmente uno largo. Ya estaba en mi día 37 sin atisbo de la menstruación. Acostumbrada a ciclos de 25 días esto ya se estaban tornando una eternidad. Era imposibe que estuviera embarazada de modo que el atraso podía deberse más a mi mente jugándome una mala pasada o a que mis hormonas estuvieran fuera de sus parámetros "normales".
Al terminar el último ejercicio de la mañana sentí que mi útero despertaba de su letargo. Como si saliera de una anestesia, la zona baja de mi abodmen comenzó a temblar y empecé a sentir puntadas. Me embargó el miedo porque eran puntadas que me recordaban otras puntadas del pasado, otros momentos, otras incertidumbres.
Empecé a llorar muy suavecito acostada en mi colchoneta. Había otras mujeres en estado de relajación, cada una con su escucha y sus preguntas. Pero la docente a cargo del curso se dio cuenta de que algo no estaba bien.
Se me acercó y me preguntó cómo estaba. ¿Qué podía decir?
Me puso su mano en la zona del útero.
-Hace una semana que no me viene la menstruación.
Se le iluminaron los ojos.
-No, no estoy embarazada.
-¿Cómo estás tan segura? ¿Te cuidaste?
Supe que iba a tener que decirlo. Tenía que ser una frase contundente que no le dejara dudas. Un jaque mate y que me dejara en paz.
-Mi pareja es estéril. No puedo embarazarme de él.
Sus ojos me llegaron al corazón. De pronto comprendí algo nuevo para mi. Supe que en ese lugar estaba a salvo. Que podía fluir con mi tristeza en paz.
Supe también, al instante, que estaba rodeada de una energía increíble, amorosa y buena.
Supe que estaba llorando mis pérdidas. Todas mis pérdidas. Los bebés que no pudieron ser. Y que tenía que llorarlos, darles ese lugar.
Las puntadas desaparecieron. En su lugar, comencé a menstruar.
Al final hicimos un círculo de mujeres. Cada una fue expresando su maravilla, sensaciones, asombros, miedos. Fueron brotando de cada par de labios. Yo no quería hablar. Pero había algo más fuerte que yo. Algo que necesitaba decirse, expresarse, hacerse carne en el verbo.
Y entonces frente a un grupo de madres, tías, abuelas, mujeres sin hijos, mujeres con o sin úteros, mujeres con mucha vida a cuestas, conté mi pequeño periplo de tres años por la Reproducción Asistida. Fui clara y sin golpes bajos. Aún hoy me sorprende la claridad con la que salieron mis palabras. Hablé de la búsqueda de un bebé, los negativos, los abortos, las técnicas cada vez más complicadas y el decir basta.
Me escucharon en silencio. A medida que yo iba contando y que las lágrimas iban empapando mi cara comencé a sentir el calor de varias manos que me tocaban y me abrazaban. Al final quedamos todas entrelazadas en un profundo abrazo energético. De todos esos cuerpos irradiaba el abrazo.
Y ese abrazo fue inmensamente sanador.
Comprendí que mi historia en particular carece de importancia. Lo que importa es que el impulso que me llevó a vivirla es un sentimiento universal que cualquier ser vivo con un corazón sensible puede comprender y abrazar.
Desde ese día vuelo un poquito más alto, todos los días.
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2 de junio de 2016
Valientes amigos
Ayer llegué a casa cansada con frío. Él me estaba esperando con una noticia que no me quiso dar por teléfono. Apenas llegué fue a buscar su celular y me mostró una foto. En ella se veían tres niños de siete, seis y dos años. Estaban abrazados, los tres. "Son los hijos de G y M".
G y M estaban anotados en el registro de adoptantes desde hace más de un año. Luego de buscar por la via natural, por tratamientos in vitro, por ovodonación, tras negativos y pérdidas llegaron a este camino de la adopción. Habían pedido hasta tres niños de distintas edades. Luego de armar una carpeta, varias entrevistas con asistente social, psicólogos, llamadas, golpear puertas e insistir allí estaba la puerta de entrada a la maternidad y paternidad.
El corazón me saltó de alegría.
Pensé en los ovarios de G y en los huevos de M. ¡¡Valientes ambos!! ¡Adoptar tres hermanos de distintas edades! ¡Abrir el corazón de esa manera! G y M me demostraron ayer que para ser mamá y papá no se necesitan ovarios y huevos sino un corazón inmenso donde albergar la vida de pequeños seres. Gracias por ser mis amigos. Gracias por enseñarme tanto.
Se me fue el frío y el cansancio. Abrimos un vino y brindamos por nuestros amigos y su familia ampliada.
Y esos bellísimos niños que tienen la fortuna de que hoy dos corazones los amen para siempre.
G y M estaban anotados en el registro de adoptantes desde hace más de un año. Luego de buscar por la via natural, por tratamientos in vitro, por ovodonación, tras negativos y pérdidas llegaron a este camino de la adopción. Habían pedido hasta tres niños de distintas edades. Luego de armar una carpeta, varias entrevistas con asistente social, psicólogos, llamadas, golpear puertas e insistir allí estaba la puerta de entrada a la maternidad y paternidad.
El corazón me saltó de alegría.
Pensé en los ovarios de G y en los huevos de M. ¡¡Valientes ambos!! ¡Adoptar tres hermanos de distintas edades! ¡Abrir el corazón de esa manera! G y M me demostraron ayer que para ser mamá y papá no se necesitan ovarios y huevos sino un corazón inmenso donde albergar la vida de pequeños seres. Gracias por ser mis amigos. Gracias por enseñarme tanto.
Se me fue el frío y el cansancio. Abrimos un vino y brindamos por nuestros amigos y su familia ampliada.
Y esos bellísimos niños que tienen la fortuna de que hoy dos corazones los amen para siempre.
24 de mayo de 2016
Lo que me ronda en estos días
No me asusta el futuro sin hijos.
En realidad ya no me asustan muchas cosas. ¿Cómo sucedió? Me atrevería a decir que la experiencia de la reproducción asistida lo cambió todo.
No me asusta la soledad, envejecer, entiendo que el amor puede venir de múltiples maneras. Entiendo que se puede incluso maternar a alguien de múltiples maneras.
La realidad es que nunca me importó el cochecito, los miles de implementos para bebés y esas cosas. Conozco mujeres que adoran esas cosas y está perfecto pero a mí no me pasó nunca. Tampoco me pasó que miraba bebés y me moría de ganas de abrazarlos.
Yo quería tener a mi bebé, los bebés de los otros eran de los otros.
Pero desde que siento que no voy a tener un bebé mi vida tiene otro color. No sé bien cómo explicarlo sin que suene fatalista.
Creo que los embarazos son milagros muy hermosos. Y también son la manifestación de que formamos parte de algo mayor. Pero creo que hay muchos milagros en este mundo y que estar viva a los casi 40 años, gozando de una buena salud es uno de ellos.
Ser mamá es una experiencia que te enseña mucho sobre el amor, el cuidar a un otro, nutrirlo, estar para ese otro ser.
Creo que yo hubiera sido una madre rara y complicada. Porque entre otras cosas yo amo mi libertad más que a nada en este mundo.
En realidad ya no me asustan muchas cosas. ¿Cómo sucedió? Me atrevería a decir que la experiencia de la reproducción asistida lo cambió todo.
No me asusta la soledad, envejecer, entiendo que el amor puede venir de múltiples maneras. Entiendo que se puede incluso maternar a alguien de múltiples maneras.
La realidad es que nunca me importó el cochecito, los miles de implementos para bebés y esas cosas. Conozco mujeres que adoran esas cosas y está perfecto pero a mí no me pasó nunca. Tampoco me pasó que miraba bebés y me moría de ganas de abrazarlos.
Yo quería tener a mi bebé, los bebés de los otros eran de los otros.
Pero desde que siento que no voy a tener un bebé mi vida tiene otro color. No sé bien cómo explicarlo sin que suene fatalista.
Creo que los embarazos son milagros muy hermosos. Y también son la manifestación de que formamos parte de algo mayor. Pero creo que hay muchos milagros en este mundo y que estar viva a los casi 40 años, gozando de una buena salud es uno de ellos.
Ser mamá es una experiencia que te enseña mucho sobre el amor, el cuidar a un otro, nutrirlo, estar para ese otro ser.
Creo que yo hubiera sido una madre rara y complicada. Porque entre otras cosas yo amo mi libertad más que a nada en este mundo.
Etiquetas:
deseo,
el amor,
presente activo,
ser mujer
25 de abril de 2016
Luna llena otra vez
Se cumplirá un año de mi última in vitro, un año desde que no pudiste quedarte conmigo.
Se cumplirá un año de sentir los espéculos de un médico metiéndose en mi carne, un año de mi última menstruación medicada, un año de mi llanto desgarrador porque un valor medible en mi sangre decía que ya no estabas conmigo.
Y lo siento tanto.
Te hubiera amado más que a cualquier cosa en este mundo.
Pero qué digo... si el amor nunca se acaba. Se multiplica a raudales. De eso se trata esto. De amar, de la entrega, de abrazar.
Te veo en cada brillo de cada ser vivo en este mundo.
Estás en todos ellos.
Te amo para siempre. No estaré nunca sola.
Esta fue una gran aventura, mi vida.
Se cumplirá un año de sentir los espéculos de un médico metiéndose en mi carne, un año de mi última menstruación medicada, un año de mi llanto desgarrador porque un valor medible en mi sangre decía que ya no estabas conmigo.
Y lo siento tanto.
Te hubiera amado más que a cualquier cosa en este mundo.
Pero qué digo... si el amor nunca se acaba. Se multiplica a raudales. De eso se trata esto. De amar, de la entrega, de abrazar.
Te veo en cada brillo de cada ser vivo en este mundo.
Estás en todos ellos.
Te amo para siempre. No estaré nunca sola.
Esta fue una gran aventura, mi vida.
4 de abril de 2016
El arte de perder
Este poema me parece muy muy apropiado para todo aquel que esté pasando por un tratamiento de reproducción asistida.
Un arte (Elizabeth Bishop)
El arte de perder se domina fácilmente;
tantas cosas parecen decididas a extraviarse
que su pérdida no es ningún desastre.
El arte de perder se domina fácilmente;
tantas cosas parecen decididas a extraviarse
que su pérdida no es ningún desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la angustia
de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.
El arte de perder se domina fácilmente.
de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.
El arte de perder se domina fácilmente.
Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido:
lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.
Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.
lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.
Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.
Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue
la última o la penúltima de mis tres casas amadas.
El arte de perder se domina fácilmente.
la última o la penúltima de mis tres casas amadas.
El arte de perder se domina fácilmente.
Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más:
algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.
algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.
Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto
que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente,
así parezca (¡escríbelo!) un desastre.
que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente,
así parezca (¡escríbelo!) un desastre.
18 de marzo de 2016
TRUC
Estoy viviendo los últimos coletazos de todos los tratamientos que emprendí en estos últimos tres años. Y quiero compartirlo con ustedes.
Comenzaron nuevamente las clases y me
sorprendió la mirada de agunos de mis alumnos. Porque quienes me conocen de cerca sabían y
entonces no me decían nada pero ellos... mis alumnos... no tenían ni
idea. Y de pronto... viene una alumna y me dice que estoy más delgada.
Y no, la
verdad es que no estoy más delgada. Sólo que no estoy inflada por las
hormonas. O embarazada de un embrión que no ha podido quedarse. O recuperándome de una in vitro que dio negativa. O de una inseminación fallida. Sí, estoy recuperando el cuerpo que tenía antes de meterme en todo este barullo. Y no hablo sólo de kilos o de lo que se ve exteriormente. Hablo de algo mucho más interno.
Porque primero fue la laparoscopía, al año
siguiente las inseminaciones y la pérdida gestacional de pocas semanas, al año siguiente la primera in vitro...
los embriones congelados y que salga todo negativo y al año siguiente la segunda in vitro... el embarazo bioquímico y parar.
Dicen
que químicamente las drogas que las mujeres nos inyectamos quedan en el
organismo durante un par de meses. El cuerpo tarda un par de ciclos
menstruales para sacarse de encima toda la batería de hormonas
sintéticas. En esos momentos las sensaciones son variadas. Es como si se saliera de una pileta con cloro, limpia, perfecta y nos metiéramos en un
mar profundo, sinuoso y oscuro.
No hubo
shiatsu,
psicoanálisis, brujos, dieta, ni acupuntura que la rompiera.
Todo eso estuvo bien, claro, siempre viene bien que nos toquen, nos
muevan, nos hagan sentir donde hay tanta cicatriz que ni una misma sabe
qué hay ahí guardado realmente.
¡BUM!
Para los médicos una mujer que aún no ha
cumplido los 40 años tiene chances de embarazarse con sus propios
óvulos. Mi médico suele resolverlo con la siguiente frase: "vos todavía
sos joven". Pero ahí estaba yo con mis 38 años, a punto de cumplir 39 sintiendo que una in vitro más y un embarazo podían matarme. Y me sentí culpable.
Reconocer la culpa... qué difícil. La culpa de no
querer seguir luchando cueste lo que cueste, de no querer ir hasta el
fondo de todo, de no querer dejar la vida en ello. ¿Por qué? Qué tonto parece todo... dejar mi
vida en ello porque quiero engendrar un bebé, un hijo, MI HIJO.
Ya bastante me costó llegar hasta acá, con una mamá enferma,
testaruda y apasionada que quiso tenerme a costa de su salud. Lo hizo por amor. Sí, fue un gran acto de amor para que yo pudiera conseguir este
cuerpo, resistir unos siete meses en su útero materno, complicado,
fluctuante. Era vivir o morir ahí adentro y médicos y más médicos, estadísticas, mediciones... pronósticos... La culpa de no ser como mi mamá que perdió dos bebés antes
de tenerme y contra todo lo que decían los médicos se buscó uno que la
ayudó a gestarme, a parirme. La culpa de no ser capaz de ese gran acto de amor.
Reconocer la culpa, perdonarse. Seguir amando. Por sobre todo eso. Seguir amando.
La voz de mi mamá se cuela entre mis pensamientos: "Pero vos no sos yo, vos sos distinta y está bien que lo seas, liberate de esta historia, liberate".
Hay un instante en el cerebro humano, cuando algo cambia. Se siente el "truc" de un pensamiento disolviéndose. El alivio.
Y ahí estoy, sintiendo ese "truc", esa liberación.
3 de febrero de 2016
Llega mi cumpleaños
El año empezó raro.
A lo micro hay que agregarle lo macro y no creo que nadie que tenga un poco de sensibilidad social haya sentido que este año empezó bien.
Se sabe que la reproducción asistida cambia todo el esquema de vida y ahora que no estamos pensando en reproducirnos emergen otras necesidades.
Y aunque cueste decirlo.... la verdad es que no sé bien qué necesidades son esas.
Nótese que pasé de la primera persona del plural a la primera del singular. Porque ahora hablaré por mi y no por un nosotros.
En estos tres años de luchar contra la infertilidad confirmé lo que supe desde el momento en que me enamoré de él. Mi amor por él nunca estuvo atado a la idea de ser papás. Siempre supimos que ése era un deseo. Pero no era el único deseo.
Tuve suerte de conocerlo, de enamorarme, de conocer el amor verdadero. Tuve suerte de que este amor me hiciera crecer en aspectos que jamás pensé que se podía. Tuve suerte también de que me hiciera pasar por momentos muy oscuros porque, en definitiva, luego de pasar por ellos, la luz es tan intensa que aleja el miedo.
Yo no sé qué será de nosotros como papás. Lo que sé es que este año cumpliré 39 años y desde los 35 que vengo intentando ser mamá. Y este cumpleaños es el primero en estos tres años en los que pediré otros deseos. Y no pediré el deseo de "quedarme embarazada".
No deseo volver a pasar por un tratamiendo de reproducción asistida (que es el modo en que podría embarazarme). Porque cuatro inseminaciones artificiales, un aborto espontáneo, dos in vitro, una transferencia de congelados y un embarazo bioquimico mermaron mi salud, mi integridad emocional, mi conexión con mi ser femenino, mi vagina, mis menstruaciones, mi receptividad.
Pusieron en jaque todo mi sistema de valores. Y agradezco que así haya sido. me saqué varios prejucios de encima. Creo que ahora soy mejor persona que hace unos años.
Pero lo cierto es que mi deseo de este año es no envenenarme más. Esto, por supuesto, es muy personal. Que ninguna mujer se sienta agraviada con lo que digo. Es mi experiencia y entiendo que cada una podrá sentirse libre de sentir otras cosas, incluso estarle eternamente agradecida a los tratamientos de reproducción asistida. Yo sólo espero que en el futuro los tratamientos de reproducción asistida dejen de tratar a las mujeres como máquinas de producir gametos. Y entiendan lo que en agricultura es una ley muy antigua: si explotás mucho un suelo, lo terminás deteriorando.
A lo micro hay que agregarle lo macro y no creo que nadie que tenga un poco de sensibilidad social haya sentido que este año empezó bien.
Se sabe que la reproducción asistida cambia todo el esquema de vida y ahora que no estamos pensando en reproducirnos emergen otras necesidades.
Y aunque cueste decirlo.... la verdad es que no sé bien qué necesidades son esas.
Nótese que pasé de la primera persona del plural a la primera del singular. Porque ahora hablaré por mi y no por un nosotros.
En estos tres años de luchar contra la infertilidad confirmé lo que supe desde el momento en que me enamoré de él. Mi amor por él nunca estuvo atado a la idea de ser papás. Siempre supimos que ése era un deseo. Pero no era el único deseo.
Tuve suerte de conocerlo, de enamorarme, de conocer el amor verdadero. Tuve suerte de que este amor me hiciera crecer en aspectos que jamás pensé que se podía. Tuve suerte también de que me hiciera pasar por momentos muy oscuros porque, en definitiva, luego de pasar por ellos, la luz es tan intensa que aleja el miedo.
Yo no sé qué será de nosotros como papás. Lo que sé es que este año cumpliré 39 años y desde los 35 que vengo intentando ser mamá. Y este cumpleaños es el primero en estos tres años en los que pediré otros deseos. Y no pediré el deseo de "quedarme embarazada".
No deseo volver a pasar por un tratamiendo de reproducción asistida (que es el modo en que podría embarazarme). Porque cuatro inseminaciones artificiales, un aborto espontáneo, dos in vitro, una transferencia de congelados y un embarazo bioquimico mermaron mi salud, mi integridad emocional, mi conexión con mi ser femenino, mi vagina, mis menstruaciones, mi receptividad.
Pusieron en jaque todo mi sistema de valores. Y agradezco que así haya sido. me saqué varios prejucios de encima. Creo que ahora soy mejor persona que hace unos años.
Pero lo cierto es que mi deseo de este año es no envenenarme más. Esto, por supuesto, es muy personal. Que ninguna mujer se sienta agraviada con lo que digo. Es mi experiencia y entiendo que cada una podrá sentirse libre de sentir otras cosas, incluso estarle eternamente agradecida a los tratamientos de reproducción asistida. Yo sólo espero que en el futuro los tratamientos de reproducción asistida dejen de tratar a las mujeres como máquinas de producir gametos. Y entiendan lo que en agricultura es una ley muy antigua: si explotás mucho un suelo, lo terminás deteriorando.
6 de diciembre de 2015
Palabras de mamá
Ayer, un pequeño diálogo con mi mamá.
-Mamá... no sé si lo digo desde el cansacio o qué pero... ya no quiero tener hijos.
-...
-Si los embarazos hubieran salido adelante... yo... pero ya no puedo más.
-...
-Es que... no sé... no quiero que pienses que me siento mal por esto que me pasa. Siento que seguir por este camino está mal. Esto me hace mal.
-...
-Quiero decir, no me arrepiento ni un gramo de haber recorrido este camino. No sería la persona que soy hoy.
-Eso es verdad.
-Pero hoy miro a las embarazadas y no las envidio. No deseo eso para mi. Ya no quiero gestar. ¿Qué me pasa?
-Te voy a regalar una definición de felicidad. Porque creo que a pesar de que esto no resultó como vos creías yo veo en vos una persona feliz.
-Ay, mamá...
-En serio, escuchame...ser feliz no es andar sonriente todo el tiempo. Ser feliz es tener coraje y dignididad. Y vos tenés esas dos cosas. No te faltó coraje ni tampoco dignidad. Sos un ser hermoso. Y no lo digo porque seas mi hija sino porque es la verdad.
-Mama... vos luchaste tanto para tenerme... en los embarazos... y yo...
-¡Y vos sos otra persona! NO tenés que seguir mis pasos. Somos dos personas distintas. Liberate de mi historia. Conmigo no tenés ningún mandato que cumplir. ¡Hacé lo que quieras!
-Ay, mamá...
-Flor, si alguna vez te vuelve el deseo... sabés que siempre podés volver a buscar. Pero no hagas de esto un círculo. No pases por el mismo lugar. ¡Espiralá! Las espirales son vida.
-Las espirales... como el adn.
-Exacto. VIDA.
-Gracias, mamá.
-Te quiero mucho.
-Mamá... no sé si lo digo desde el cansacio o qué pero... ya no quiero tener hijos.
-...
-Si los embarazos hubieran salido adelante... yo... pero ya no puedo más.
-...
-Es que... no sé... no quiero que pienses que me siento mal por esto que me pasa. Siento que seguir por este camino está mal. Esto me hace mal.
-...
-Quiero decir, no me arrepiento ni un gramo de haber recorrido este camino. No sería la persona que soy hoy.
-Eso es verdad.
-Pero hoy miro a las embarazadas y no las envidio. No deseo eso para mi. Ya no quiero gestar. ¿Qué me pasa?
-Te voy a regalar una definición de felicidad. Porque creo que a pesar de que esto no resultó como vos creías yo veo en vos una persona feliz.
-Ay, mamá...
-En serio, escuchame...ser feliz no es andar sonriente todo el tiempo. Ser feliz es tener coraje y dignididad. Y vos tenés esas dos cosas. No te faltó coraje ni tampoco dignidad. Sos un ser hermoso. Y no lo digo porque seas mi hija sino porque es la verdad.
-Mama... vos luchaste tanto para tenerme... en los embarazos... y yo...
-¡Y vos sos otra persona! NO tenés que seguir mis pasos. Somos dos personas distintas. Liberate de mi historia. Conmigo no tenés ningún mandato que cumplir. ¡Hacé lo que quieras!
-Ay, mamá...
-Flor, si alguna vez te vuelve el deseo... sabés que siempre podés volver a buscar. Pero no hagas de esto un círculo. No pases por el mismo lugar. ¡Espiralá! Las espirales son vida.
-Las espirales... como el adn.
-Exacto. VIDA.
-Gracias, mamá.
-Te quiero mucho.
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mi mamá
1 de diciembre de 2015
Fuck
Llegó diciembre. Y yo no puedo decidir nada. Nada.
Mi primer impulso es bajarme de todo esto. Chau Gaviota. Gracias por todo.
Mi segundo impulso es hacerle un enorme fuck you a toda la industria médica de reproducción asistida. ¡Vayan a hormonar a sus abuelas!
Me descubrí mirando a las embarazadas y pensando, puf, menos mal que no me tocó. No envidio para nada sus panzas, sus tobillos hinchados y sus noches sin dormir.
¿Y eso? ¿Y ese pensamiento? Qué me pasa?
Sí, ya les dije: diciembre.
Me descubrí pensando en que YA no quiero tener hijos. YA no quiero.
Quería, sí, quería con toda mi alma.
Hubiera amado muchísimo a todos esos embriones que formamos gracias a los espermatozoides de un donante anónimo.
Pero ya no quiero un donante anónimo. De hecho no quiero espermatozoides de un hombre que no conozco y que mete su material genético en un vasito para que lo guarde un banco de esperma que me cobra sus buenos pesos para darme la mitad de lo que podría ser una VIDA.
Ya no quiero meterme hormonas en mis ovarios para que hagan un aquelarre de aquellos. No quiero. No quiero que me ecografien, ni que me pinchen, ni que me duerman, ni que me controlen, ni que me saquen sangre, ni que me metan un coso directo al útero.
Cuanto más lo pienso más me digo: ¿¿en qué carajo estaba pensando??
¡¡Fuck you doctor, psicóloga y todo el mundo de la fertilidad!!
¿Qué tenía que aprender de todo esto?
¿Que no todo se consigue como uno quiere? Bueno, sí, genial. ¿Que la naturaleza no es bondadosa siempre? Sí, bueno, a las patadas pero lo aprendí. ¿Que hay que reponerse de las pérdidas, de las decepciones, de la lucha desmedida? Sí, sí, muy bien. ¿Que la vida es mucho más que hacerse veintemil controles y que el amor en este camino de mierda lo es TODO?
PERFECTO.
Me descubrí diciéndole a mi pareja:
-Amor, sos la única persona con la que soportaría no tener hijos.
A lo que él respondió:
-Es lo más lindo que me dijeron en mi vida.
Diciembre y la puta madre que te re mil parió.
Mi primer impulso es bajarme de todo esto. Chau Gaviota. Gracias por todo.
Mi segundo impulso es hacerle un enorme fuck you a toda la industria médica de reproducción asistida. ¡Vayan a hormonar a sus abuelas!
Me descubrí mirando a las embarazadas y pensando, puf, menos mal que no me tocó. No envidio para nada sus panzas, sus tobillos hinchados y sus noches sin dormir.
¿Y eso? ¿Y ese pensamiento? Qué me pasa?
Sí, ya les dije: diciembre.
Me descubrí pensando en que YA no quiero tener hijos. YA no quiero.
Quería, sí, quería con toda mi alma.
Hubiera amado muchísimo a todos esos embriones que formamos gracias a los espermatozoides de un donante anónimo.
Pero ya no quiero un donante anónimo. De hecho no quiero espermatozoides de un hombre que no conozco y que mete su material genético en un vasito para que lo guarde un banco de esperma que me cobra sus buenos pesos para darme la mitad de lo que podría ser una VIDA.
Ya no quiero meterme hormonas en mis ovarios para que hagan un aquelarre de aquellos. No quiero. No quiero que me ecografien, ni que me pinchen, ni que me duerman, ni que me controlen, ni que me saquen sangre, ni que me metan un coso directo al útero.
Cuanto más lo pienso más me digo: ¿¿en qué carajo estaba pensando??
¡¡Fuck you doctor, psicóloga y todo el mundo de la fertilidad!!
¿Qué tenía que aprender de todo esto?
¿Que no todo se consigue como uno quiere? Bueno, sí, genial. ¿Que la naturaleza no es bondadosa siempre? Sí, bueno, a las patadas pero lo aprendí. ¿Que hay que reponerse de las pérdidas, de las decepciones, de la lucha desmedida? Sí, sí, muy bien. ¿Que la vida es mucho más que hacerse veintemil controles y que el amor en este camino de mierda lo es TODO?
PERFECTO.
Me descubrí diciéndole a mi pareja:
-Amor, sos la única persona con la que soportaría no tener hijos.
A lo que él respondió:
-Es lo más lindo que me dijeron en mi vida.
Diciembre y la puta madre que te re mil parió.
16 de noviembre de 2015
Un parto "soñado"
Estaba embarazada de una panza increíble y mi bebé estaba en posición perfecta para salir. Podía sentir su manito adentro mío. Era todo tan lógico. Pujaba y pujaba y todo iba saliendo perfecto. Un parto hermoso. Tan hermoso.
Hoy me vino la menstruación, o al menos empezó a caer una sangre atrevida. Un ciclo corto, esta vez. De 23 días. Pero yo sé de qué se trató esto.
Te parí mi belleza. Ya saliste de mi, sos libre. No tenés que quedarte sollozando por mamá. Ya está, bebé. Ya está.
Y como dice la canción:
Un día nos encontraremos
en otro carnaval
tendremos suerte si aprendemos
que no hay ningún rincón
que no hay ningún atracadero
que pueda disolver
en su escondite lo que fuimos
el tiempo está después...
Hoy me vino la menstruación, o al menos empezó a caer una sangre atrevida. Un ciclo corto, esta vez. De 23 días. Pero yo sé de qué se trató esto.
Te parí mi belleza. Ya saliste de mi, sos libre. No tenés que quedarte sollozando por mamá. Ya está, bebé. Ya está.
Y como dice la canción:
Un día nos encontraremos
en otro carnaval
tendremos suerte si aprendemos
que no hay ningún rincón
que no hay ningún atracadero
que pueda disolver
en su escondite lo que fuimos
el tiempo está después...
10 de noviembre de 2015
Aires nutricios
Me fui a la Sierra. Al llegar el señor de la cabaña que alquilábamos nos recibió y nos dio una piedra blanca a cada uno. "Bienvenidos, están parados en una montaña de cuarzo, la energía aquí es muy poderosa. Descansen y no se agoten".
El lugar a donde fuimos se llama Nono que, una vez allí, supe que es una deformación de la palabra quichua "ñuñu" que significa lisa y llanamente "tetas". Los comechingones, antiguos pobladores de ese lugar, creían que allí estaba enterrada la Pachamama porque había dos cerros juntitos y redondeados que parecían senos de mujer. A los comechingones los mataron a todos en la conquista, no quedó ni uno. Pero quedan sus leyendas.
Lo primero que pensé fue: qué sugestivo este nombre, sin saber nada vinimos a parar al santuario de la Pachamama.
A la Pachamama no se la puede matar porque todos venimos de ella y volvemos a ella. Ella nos da todo para vivir, agua, comida, aire, sol.
Ya al bajar del auto sentí que el aire me inundaba. Sólo quería respirar. ¡Qué hermoso era ese aire! ¡Ese aire me abrazaba!
La cabaña daba al inmenso Cerro Champaqui. Y también a un arroyo que desembocaba en una cascada. Por los alrededores circulaban pájaros, iguanas, liebres, zorros.
No hicimos nada mas que descansar. Ni siquiera caminamos mucho. Caminar era un esfuerzo. El aire era demasiado.
Allí volvimos a hacer el amor. Volvimos a conectarnos, a estar juntos.
También nos peleamos. Tenía que suceder. Nada puede ser perfecto.
Tuvimos muy poco sol, las nubes nos ayudaron a descansar más.
Volví a Buenos Aires hace unos días y aún no me hallo. No sé cómo hacía para trabajar tanto antes de irme. Me siento agotada, con baja presión y triste.
Hoy me desperté con este pensamiento: esta ciudad tiene aires malignos.
El lugar a donde fuimos se llama Nono que, una vez allí, supe que es una deformación de la palabra quichua "ñuñu" que significa lisa y llanamente "tetas". Los comechingones, antiguos pobladores de ese lugar, creían que allí estaba enterrada la Pachamama porque había dos cerros juntitos y redondeados que parecían senos de mujer. A los comechingones los mataron a todos en la conquista, no quedó ni uno. Pero quedan sus leyendas.
Lo primero que pensé fue: qué sugestivo este nombre, sin saber nada vinimos a parar al santuario de la Pachamama.
A la Pachamama no se la puede matar porque todos venimos de ella y volvemos a ella. Ella nos da todo para vivir, agua, comida, aire, sol.
Ya al bajar del auto sentí que el aire me inundaba. Sólo quería respirar. ¡Qué hermoso era ese aire! ¡Ese aire me abrazaba!
La cabaña daba al inmenso Cerro Champaqui. Y también a un arroyo que desembocaba en una cascada. Por los alrededores circulaban pájaros, iguanas, liebres, zorros.
No hicimos nada mas que descansar. Ni siquiera caminamos mucho. Caminar era un esfuerzo. El aire era demasiado.
Allí volvimos a hacer el amor. Volvimos a conectarnos, a estar juntos.
También nos peleamos. Tenía que suceder. Nada puede ser perfecto.
Tuvimos muy poco sol, las nubes nos ayudaron a descansar más.
Volví a Buenos Aires hace unos días y aún no me hallo. No sé cómo hacía para trabajar tanto antes de irme. Me siento agotada, con baja presión y triste.
Hoy me desperté con este pensamiento: esta ciudad tiene aires malignos.
![]() |
| Arroyo que pasaba debajo de nuestra cabaña |
27 de octubre de 2015
Todo normal
Me vino. Una semana de atraso. Tuve un ciclo extrañamente largo. Pensé que ya estaba, que se me había ido para siempre, que nunca más volvería a sentir rugir a mis ovarios. Me equivoqué. Anoche rugieron. Como hace tiempo que estoy en reproducción asistida ya sé lo que es: son folículos formándose, la vida pujando por querer ser. Eso.
Me dio alegría aunque eran las tres de la mañana y quería dormir.
Me clavé un ibuprofeno. Todo se calmó y yo descansé.
Sigo trabajando como si no hubiera un mañana.
En una semana nos vamos a la sierra.
Me dio alegría aunque eran las tres de la mañana y quería dormir.
Me clavé un ibuprofeno. Todo se calmó y yo descansé.
Sigo trabajando como si no hubiera un mañana.
En una semana nos vamos a la sierra.
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