27 de abril de 2015

Encuentro

No sé cómo comenzar a describir este encuentro. Hacía mucho que queríamos conocernos pero las circunstancias nunca eran las apropiadas. La vida, sin embargo, nunca se detiene, siempre continúa, avasallante, con nuevas circunstancias. Y hasta que esto no se aprende es imposible sobrellevarla.
Ella lo aprendió más que nadie. Lo vi en su dulzura, el despliegue de sus manos, la suave cadencia de su voz que me sedujo desde el comienzo.
No sé cómo dar las gracias a este encuentro. 
La cita fue en la avenida Corrientes, la avenida que me marcó a mis veinte años. Solía pasear mucho por esa avenida en busca de libros para la facultad, tomando cafés con leche y masticando medialunas, mirando espectáculos, yendo a cines que se caían a pedazos a ver películas en blanco y negro, siempre con un libro en la mano y algo para anotar.
Y allí estaba otra vez, sentada en aquel cafecito tan típico de Buenos Aires, a unas cuadras del obelisco, con espejos antiguos en las paredes y las mesas de mármol. Hacía calor para pedir un chocolate con churros y por eso entre un té con limón y un café con leche nos contamos un buen pedazo de nuestras vidas.
Es extraño contarle la vida a alguien que ha estado leyendo este blog. Y es extraño escuchar de su propia voz aquellas cosas que una ha leído en palabras escritas. Pero todo sonaba tan familiar como si hubiéramos sido amigas desde hacía años. Era maravilloso. En cada sonrisa, carcajada, en cada lágrima. 
Gracias, Promediando el círculo, por aquella tarde donde la betaespera se me hizo fresca y liviana como una brisa de primavera.

4 comentarios:

  1. hermoso, que momentazo!!! me alegro por ambas. besos

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  2. Qué bonito poder compartir con alguien en persona esos momentos! precioso momento!

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